Del porque soy una fama y no un cronopio.

Dedicado al cronopio Cortázar, y a la única cronopio azul que existe.

“Tú eres una fama y yo soy un cronopio”, me dijo de pronto y sin motivo alguno, una cronopio azul hace dos años. Como yo en ese momento no tenía la más mínima idea de lo que ella quería decir, se lo pregunte. Ella arrugo un poco la nariz, y sin sacar siquiera la cara del cuaderno donde escribía, respondió: “lee el libro”. Su respuesta, podrán pensar, fue mucho más cercana a la de una fama que a la de un cronopio. Pero no se equivoquen, ella es un cronopio, no una fama. Una cronopio absoluta, demasiado cronopio incluso para su gusto, pero se conforma, porque es lo que hacen los cronopios. Y es feliz con eso, y no se queja. Es más, a ella le gusta gritar por ahí que es un cronopio. Y no le  importa que los demás no entiendan, o que no hayan leído el libro. Porque cuando eso pasa, ella se detiene, arruga la nariz un poquito y responde compaciente: Cronopio, cronopio, cronopio.

Tres semanas después, termine el libro sentado en un cafecito de Providencia. Hacia frio y comenzaba a llover. Un niño se resguardo bajo el paraguas de su madre.  En su manito infantil llevaba dos globos con helio, eran verdes y estaban húmedos. Cronopio, cronopio, dije bajito y les salude con un gesto. Después me reí de mi mismo. No fue hasta ayer, que me entere que Cortázar, antes de “humanizar” a los cronopios, los descubrió por primera vez en un montón de globos verdes en un teatro en París. Entonces me reí mucho más.

Los cronopios –  dijo Cortázar hace años, en una entrevista en el programa “A fondo” de TVE – tienen conductas de poetas, de asociales, frente a los famas que son los políticos y los gerentes de los bancos. Las esperanzas – y esto lo digo yo, no Cortázar- no me interesan y no vienen al caso.

Conclusión para concluir alguna cosa:

Me pase los últimos tres días frente a la pantalla del computador, y antes de eso, casi dos años enteros tratando de entender porque soy una fama y no un cronopio. Aun así, no conseguí nada.

Entonces recordé que el Leo, el alemán como le decían mis amigos, después de una de nuestras  tantas discusiones a trasnoche, me dijo algo hastiado: “Vo` no soy derechista, soy un comunista en cubierto, porque te acomoda más la derecha”.  Ahora que lo pienso, quizá no soy fama, soy cronopio, pero me acomoda mas ser fama. Y no es que le esté dando la razón al viejo en cuanto a sus “paradas” políticas. Pero su “acusación” me ayudo a entender un poco todo este asuntito de las famas y los cronopios.

De lo que puedo concluir:

¿Qué hace un cronopio cuando se enamora?

Pierde la cabeza, eso es lo primero y prácticamente lo único que hace.  Se olvida de cambiar el reloj alcaucil*, y ni siquiera recuerda cómo funciona. Definitivamente deja de dibujar en las pizarras de las tortugas*, y comienza a dibujar en todas partes. ¿Qué hace un cronopio cuando se enamora? Pierde la cabeza, eso y se dedica a cortar margaritas.

Cuando a un cronopio le rompen el corazón, llora un poco, y luego un poco más.  Se sabe “desdichado y húmedo”. Pero mientras llora, piensa en que a todos alguna vez les rompen el corazón. En que enamorarse significa también llorar un poco. Y que a diferencia de los famas, el cronopio llora cuando tiene ganas, y como tiene ganas, llora un poco más.

¿Qué hace una fama cuando se enamora?

Lo anota minuciosamente en una libreta. Lo anota minuciosamente sin olvidar escribir la fecha y la hora en que se enamoro. Lo anota minuciosamente.

Compra rosas. Seis. Siempre seis. Y las regala.

Un fama jamás se enamora de un cronopio. Los famas solo se enamoran de famas.

Cuando a un fama le rompen el corazón, decide que el amor es cosa de cronopios. Corta minuciosamente la hoja de su libreta en la que había escrito me enamore y la “envuelve de pies a cabeza en una sabana negra y la coloca parada en una pared  con un cartelito que dice”: cuando creí (erróneamente) que una fama podía enamorarse.

¿Qué hace un cronopio encubierto cuando se enamora?

Pierde un poco la cabeza, pero lo disimula. Lo anota en una libreta minuciosamente, luego olvida la libreta y lo anota en todas partes. No usa reloj, porque no lo entiende. Pero si usara y lo entendiera, olvidaría como usarlo. No corta margaritas pero se tienta. No compra rosas. Se las roba y las regala. No dibuja en tortugas, pinta al oleo y se llama así mismo: artista.

Un cronopio encubierto jamás se enamora de una fama. Los cronopios encubiertos solo se enamoran de cronopios. Los famas son tentaciones pasajeras.

Cuando a un cronopio encubierto le rompen el corazón, bebe whisky salado sentado en algún barcito donde nadie lo conozca. Fuma tabaco caro. Y decide que prefiere ser fama.

 

CATALA TREGUA ESPERA TREGUA*

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12 comentarios to “Del porque soy una fama y no un cronopio.”

  1. ¡Que bién!, que bueno lo que escribiste.
    Creo que también soy cronopio, o me gustaría serlo ¿quién no quiere serlo? Estoy orgulloso de ser cronopio, aunque en ocaciones prefiera ser fama. En el fondo se que soy cronopio y que voy a serlo por siempre.
    Cronopio como mi padre, como mi madre, mis abuelos… ¡sangre cronopia!

  2. Qué buen comienzo, cronopio encubierto. Aquí me vas a tener bien seguido, porque me declaro una de tus más felices lectoras. De veras que es un placer leerte, ya te lo había dicho. Exijo actualizaciones bien bien seguidas, eh? Si no, no vale. Besos!

  3. me quede pensando un momento en las escenas que muestras en tus lineas… al final deduci que son pocas las personas que realmente se disfrsan sin pensarlo, y sin darle una intencionalidad a lo que hacen… la mayoria de las personas tratan de ser os extremos o muy cronopios o muy fama al final es tanto lo que juegan que se olvidan que es lo que son a la mitad de la historia y cuando se ven al espejo no se logran reconocer… el rpoblema de esto no es a que lado pertenecen sino más es lo que realmente son… también pense que al final el mundo es un patas para arriba que al final nada es lo que prece… en fin quizas la clave es tener la facultad de ser flexible y poder experimentar algo más allá de rebaño en que viven, es como una oveja negra jajaja… que igual se mete con el lobo, sólo para sentir placer… de lo prohibido…
    un abrazo y me gusto mucho lo que muestras en tu espacio…
    nos vemos por ahí algún día cuando vuelva a bajar del limbo…
    adiós!!!

  4. Soy un cronopio!! cronopio, cronopio!
    Me encantó tu blog!
    Abrazos =)

  5. Me descubrí, soy cronopio encubierto.

  6. Y pensar que yo me llamo a mí misma cronopio azul… La causalidad, supongo…

  7. Pensé que no lloraría cuando leyera esto… otra vez… Azul, azul como el ámbar mágico, azul como la luz que envolvía mi piel en las noches frías de Florencia…
    Cronopio, temperamental… sí, soy un cronopio pequeñito y húmedo, pasional, pero azul… lo sé.
    Nuevamente me emociono, cada vez que lo leo y te odio.
    Tengo una nueva boquilla negra, un café y tu zippo no le vendrían mal para hacerle juego

  8. Isis Rodríguez Says:

    Cronopio cronopio cronopio!
    Me gustó muchísimo lo que acabo de leer, me hace muy feliz. Abrazo para ti, buena vibra!

  9. Alexis Monroy Says:

    ¿ Quien es el autor de esta maravilla ?

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